Visitas pastorales
Para la investigación histórica de una población determinada, resultan extremamente interesantes las anotaciones que de puño y letra dejaron escritas los obispos correspondientes tras realizar sus obligadas visitas pastorales a sus parroquias. Esta ardua labor obispal, de difícil ejecución en nuestra diócesis por la dispersión de sus pueblos y las abruptas vías de acceso a ellos, se ha venido cumpliendo fielmente para la mejor administración, seguimiento y atención a los fieles, y ahora, para la constatación de múltiples aspectos de sus prácticas religiosas y de su situación vital, así como para el conocimiento de sus pertenencias, logros y necesidades.
D. Isidoro Badía Sarradell, administrador apostólico episcopal de Barbastro a principios del siglo pasado, visitó en 1909 el monasterio de Obarra; de igual modo, los pueblos próximos: Raluy, Biescas de Obarra, Calvera… Despachó con sus rectores, y en su Diario de Visitas, tomó notas personales y “levantó planos descriptivos” (hecho del todo infrecuente).
Consignó (Cu831B/10) que “el Archivo de Obarra-Raluy principia en 1658”. Detectó que no se habían anotado en el libro sacramental los confirmados por “Piñera y Ruano”, sus dos predecesores, registró que la nave de la izquierda estaba llena de goteras, que la sepultura del Varón de Espés estaba destrozada, que la capilla de san Pablo estaba llena de hierba y convertida en pajar, e impuso estos cinco mandatos: “Guardar bajo llave dos cajas de reliquias. Limpiar de matas el cementerio. Limpiar la zanja que rodea el ábside. Poner llave en la iglesia de san Pablo y afianzar la piedra con escudo que hay sobre su puerta. Reparar el tejado de la iglesia principal”.
Ordenado y minucioso, sin duda, este prelado registró, entre otras precisiones, el tamaño de las naves y el presbiterio de la iglesia de Santa María de Obarra. Tomó las medidas de los cuadros del retablo del altar mayor (posteriormente incendiado y expoliado durante la Guerra Civil) y describió el orden en que estaban distribuidos para hacer luego un mapa de sus calles. Otro tanto hizo con los edificios y espacios exteriores a la iglesia, legándonos un plano de conjunto del cenobio.
