El manuscrito de Sesé
El canónigo de la catedral de Barbastro, licenciado D. Gabriel Sesé, dotó a la ciudad de Barbastro y a su diócesis del magnífico regalo de su historia ordenada y recopilada en un único Cuaderno, que se conserva en este Archivo diocesano y al que con toda admiración llamamos “Manuscrito de Sesé”. Muchas de las afirmaciones, actividades y tradiciones que hoy mantienen el prestigio y la vida cultural de Barbastro se apoyan en este manuscrito que nos legó este sacerdote, investigador incansable y meticuloso informador, cuyo oportuno trabajo es extraordinario dado que en él analiza los escritos de los historiadores que le han precedido, aporta como fuente original el Archivo de Roda cuyos textos transcribe, documenta y fecha cuanto recoge, y trasciende sus propios epígrafes con copiosas aportaciones que sorprenden e ilustran más allá de lo anunciado.
Su cuaderno (Cu769/13 ant. Leg.789) está sin fechar, por más que el original se supone escrito en 1612. En cualquier caso, debió de escribirse entre 1604 y 1616, período de pontificado en Barbastro del obispo D. Juan Moriz de Salazar, a quien va dedicada la obra.
Tres copias, hechas en el siglo XVIII, se conocen bajo el mismo título de este original: “Historia de la Antigüedad del obispado de Barbastro…”. Una de ellas se encuentra en la Biblioteca del Palacio Real, otra en la Biblioteca Nacional y la tercera en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia.
Estructurado internamente en tres libros, el Manuscrito de Sesé, que se inicia con un lamento por la situación de España y los Pirineos subyugados por los moros, dedica una primera parte a lo acaecido durante el período de los seis obispos que tuvo Roda de Isábena (hasta 1096) antes de compartir sede episcopal con Barbastro en tiempos de san Poncio. La segunda, en que se explican cinco siglos de la vida religiosa, social y política de Barbastro y los territorios que conformaron su diócesis, contempla desde este obispo santo hasta el año en que se concluye el cuaderno (1101-1612), dedicando especial precisión a las difíciles relaciones de nuestros obispos con sus homónimos de Huesca, de Urgel y de Lérida, con los reyes de España y con los sucesivos papas. Y en la tercera parte, que comienza en 1589 con la “Traslación de las reliquias de San Ramón” (2º obispo de Barbastro y 8º de Roda), detalla otros aspectos aislados como “Casas y apellidos relevantes, División primera de Arzobispados y Obispados de España…”, para concluir con una extensa reseña sobre el general y político romano Decio Bruto, edificador de Barbastro.
