D. Agustín Íñigo Abad y Lasierra

Uno de los tesoros históricos más valiosos que preserva este Archivo es el Fondo Americanista del que fue obispo de Barbastro D. Agustín Íñigo Abad y Lasierra. Hijo de Estadilla, este monje benedictino, teólogo, historiador, convencido ilustrado… antes de ejercer sus cargos episcopales, viajó a la zona del Caribe enviado por el rey Carlos III, donde permaneció 11 años y se constituyó como primer historiador de Puerto Rico.

De ese viaje a América nos ha quedado una extensa recopilación que abarca 10 cajas de archivo de sus anotaciones, bibliografía seleccionada y borradores de cartas al rey, en las que, con primor diplomático, minuciosidad y una grafía admirable da respuesta a las inquietudes del monarca por conocer la situación exacta de sus posesiones en los reinos de Indias. No poca influencia debieron de tener estos informes históricos, geográficos, políticos, sociales y etnográficos de Abad y Lasierra en la determinación de Carlos III por imponer en esa década sus reformas en Nueva España.

Los temas de sus cartas contemplan un variopinto y copioso panorama descriptivo: El cultivo del tabaco, rarezas de las costumbres de Indias, el valor de la plata, el comercio de España y males derivados de su mala orientación, datos sobre las provincias de Guayana, Barcelona y Cumana, abusos en los virreinatos, el comercio con Filipinas, un método de navegación, relación de animales y vegetales, la obtención del añil…

El texto elegido para este Documento del Mes (Cu786/4) recoge un desgarrador lamento a su rey por el latrocinio al que someten metódica y procazmente a España los holandeses, portugueses, ingleses y franceses. El texto está redactado con escrupulosa descripción de hechos, demarcaciones y nombres de los felones. A España le roban sus posesiones a base de mover fronteras en los libros de anotaciones y en los mapas, de cambiar los nombres de ríos, ciudades, costas y puertos, de corregir a su favor las coordenadas geográficas y la historia del descubrimiento. Abad y Lasierra pide a su rey materiales y autorización para, de uno en uno y pueblo por pueblo conocido, visitado y ampliamente documentado por él en sus labores pastorales, hacer un definitivo, alfabético e irrefutable “Diccionario General de la América”.