Dominio temporal mitrado
Detalla este documento fechado en 1825 (Cu 906/17) cómo Labuerda y San Vicente se han quedado sin maestro. Se han quedado también sin misa matutinal porque era el cura, ahora difunto, el que se ocupaba de las dos cosas, pero en esta situación, lo verdaderamente preocupante es que “la falta de maestro es causa de quedar la juventud sin aprender de letras”. Lamento este concorde con la Ley de Instrucción Pública promulgada durante el gobierno liberal de 1821, que establecía un primer nivel de enseñanza primaria obligatoria y gratuita, por lo que en todos los pueblos debía haber un maestro. Para las localidades inferiores a cien habitantes, como es el caso que nos ocupa, sería el cura el responsable de la formación de los niños.
Ante la vacante producida, el ayuntamiento solicita a su Ilustrísima la autorización para sacar de su entrega de la primicia los (aproximadamente 100 kg de trigo y 300 litros de vino) dos cahíces y dos nietros con que pagar la renta del futuro celebrante y maestro. Dos caíces de trigo y dos nietros de vino eran la congrua asignada al beneficiado que impartía la misa y las clases, lo cual suponía la cuarta parte de la primicia que el ayuntamiento de Labuerda y su barrio de San Vicente venía pagando de antiguo a la iglesia de Aínsa, pero ahora se está erigiendo una vicaría en San Vicente y el pueblo no alcanza a todos los gastos, por lo que eleva este escrito a su obispo.
Anterior a este documento que expone abiertamente una preocupación social, existe otro similar en que se comunica a su ilustrísima los robos que sufre Labuerda durante su única misa dominical, por estar “situado en la carrera para las montañas”, lo que implica que “pernoctan en él muchos transeúntes” y que obliga durante el tiempo de la celebración a “turnar vecinos celadores… “.
Plantean estas dos situaciones de atención civil los diversos papeles que correspondían al mitrado como Señor espiritual y temporal de un territorio. Esto es, testimonian la pervivencia en el siglo XIX de los Señoríos eclesiásticos nacidos de la organización feudal, que asignaban a la dignidad eclesiástica el recto cuidado de los bienes terrenales.
