“Confradesas”

No recoge la RAE este femenino de cofrade. Y esta normalizada anulación de identidad no hace más que seguir la tónica de primacía y supeditación al varón, de exclusión reglada y condena al olvido para la mujer con que nuestra historia se ha ido forjando. 

Barbastro, sin embargo, no fue excluyente. El “Documento del Mes” que presentamos (CpIV.4) es una clara evidencia de la relevancia que en el asociacionismo cofrade de nuestra diócesis tuvo la mujer. La “Cofradía del Santo Sepulcro y de la gloriosa Virgen Madre de Dios de la Esperanza”, de Barbastro, fundada (probablemente) por el papa Urbano VI en el último tercio del siglo XIV y que encontró su mayor pujanza en el XVI tras la concesión de la bula de restitución dada por Julio III en 1553, se vio reforzada en sus prácticas de piedad cristiana por un grupo de mujeres, cuyos nombres constan en el listado que exhibimos.

Con fecha de 1590 quedó escrita en el “Libro (de nóminas, de cuentas e inventarios) de la Cofradía del Santo Sepulcro” esta nómina con los nombres de 28 confradesas, muchas de ellas hijas o viudas (suponemos) de antiguos cofrades a los que sustituyeron en sus obligaciones dentro de su Hermandad. En este libro, del que destaca cómo cada año cambiaba el prior cofrade y le pasaba al siguiente las cuentas, quedó anotado el puntual pago de las cuotas mensuales satisfechas por estas mujeres, lo cual da idea de su interés por la pertenencia a esta devota congregación

Esta cofradía tenía su sede en la iglesia del Santo Sepulcro, hoy desaparecida, que se encontraba en lo alto de la Peña, compartiendo espacio con la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza, hasta que se edificó la iglesia con esta advocación. Tenía solera y rango suficiente como para que anualmente, el día de las letanías de mayo, el cabildo asistiera en procesión a celebrar una misa cantada en su templo y a bendecir los términos. En 1612 se intitula como “Del Sancto Sepulchro del horden del Hospital de San Joan de Hierusalem”.

No expresa más este sencillo documento, ni ofrece más referencias, no concreta cargos o actividades, pero ofrece el extraordinario valor de dejar constancia de que, en Barbastro, algunas mujeres fueron, de igual a igual, integrantes de la venerable cofradía diocesana del Santo Sepulcro. Esto es todo. Ni más ni menos.