Un litigio más
Los inevitables roces de trato que se originan entre vecinos han sido reiterativos en nuestra pequeña diócesis de Barbastro. Su privilegiada ubicación hacia Europa, su riqueza artística, sus recursos ganaderos, agrícolas y forestales, su primigenia en la cristianización de España… le han obligado históricamente a tener que defenderse de ambiciones ajenas.
Uno de los litigios más largamente mantenido en el tiempo, que supuso un continuado desgaste de fuerzas y evidenció la inalterable firmeza y la perseverancia de nuestros prelados, es el que evoca este documento del mes del archivo catedralicio (Cajón Letra A/79), tomado de la completa serie del “pleito contra Navarra”, que es el memorial que “la Iglesia Catedral de Barbastro y los Capitulares della” entregaron en 1626 a Felipe IV durante la celebración de Cortes en Monzón.
Cuando en 1571 el rey Felipe II restauró la diócesis de Barbastro, le asignó para su sustento, entre otros, los frutos (rentas) que el Monasterio de Montearagón disfrutaba procedentes de los prioratos de Uxue, Funes, Larraga y las Abadías de Marcilla y Morillo de Fruto, de Navarra. Pero, desde el primer momento, los navarros se mostraron muy reacios a cumplir esta disposición, llegando, incluso, a agredir a las personas que acudían a realizar el cobro. Al fin, el rey logró zanjar la cuestión obligándoles a cumplir. Sin embargo, tras su muerte y durante el reinado de su sucesor, Felipe III, algunos clérigos volvieron a intentar que esas rentas no salieran del reino de Navarra.
Sin escuchar las posibles alegaciones de Barbastro, las rentas y beneficios que habían sido otorgados y que figuran en la bula de erección de la diócesis les fueron negligentemente retirados. Reabierta la herida, se reinició la querella… y la contienda.
