El juego de leer

La sala de investigadores del Archivo Diocesano es un espacio bien iluminado y austero, con cinco amplias mesas de trabajo dispuestas al público, donde se atienden las inquietudes de cualquier persona que desee hacer su indagación particular en relación con los diversos ámbitos de nuestra historia diocesana.

En esa sala –enclave de individualidad y silencio– se logra el privilegio de adentrarse en el pasado y es frecuente en ella, a petición del usuario, la prestación de asistencia lectora, ya que quienes están menos avezados en paleografía y diplomática corren el riesgo de toparse con serias dificultades de interpretación en la lectura de los textos. Es lógico. Quien se ilusiona por descubrir los sucesos de un valle en una época determinada, o las costumbres festivas ancestrales de una comarca o los orígenes de su apellido, no siempre está versado en latín, ni suele conocer las deformaciones de la escritura manual o las abreviaturas y palabras en desuso, o las expresiones y giros propios de cada tipo de documento, lo cual, a veces, va a exigirle utilizar algo más que su intuición y buenos deseos si pretende descifrar ciertos escritos. Si llega el momento en que la lectura deja de ser amable y cercana para convertirse en un juego adivinatorio, el lector se expone a un riesgo claro, pues puede convertir su atractivo entretenimiento en frustración y pesadilla. (Ese es el instante de turbación que suele animar al transcriptor a solicitar el apoyo de la archivera).

Desde su cátedra de Barbastro, en el primer cuarto del siglo XII, San Ramón impartió sus enseñanzas morales como obispo, de las cuales, conservamos una exquisita recopilación manuscrita. Esta privilegiada obra docente (signat.: CpL43), encargo que hizo el Cabildo a D. Vicente Lastra, reúne los himnos, antífonas, lecciones y oraciones que el santo concibió para su grey en el ejercicio de su magisterio episcopal. Tomamos este valioso manuscrito como “Documento del Mes”, pues, como se puede ver en la primera página, aunque se escribió en latín, tiene un grado de dificultad interpretativa llevadero, que, además, transcrito el texto al pie del original, puede ser un buen ejemplo para iniciarse en este entretenido juego de querer leer.