Patronazgos
Una de las grandes diferencias habidas entre la Iglesia anterior al Antiguo Régimen y la de época contemporánea es la compleja figura del patronazgo, pujante hasta finales del siglo XIX y actualmente desaparecida, si no en su implicación como soporte físico de la estructura eclesial, sí en su participación estructuradora en el área de atención espiritual.
Desde el principio de la Reconquista de España a los árabes, las necesidades de control y ordenamiento de las tierras y la asistencia religiosa a las personas fueron paralelas y complementarias para el desarrollo del asentamiento y la cristianización. Ambas, por más que ahora nos llame la atención su coexistencia, se necesitaron.
La monarquía, la nobleza, tanto urbana como rural, así como las grandes familias terratenientes y el clero trazaron un itinerario de entendimiento que iba a perdurar durante siglos sobre el amplio territorio hispano. En ese largo proceso de consolidación y posterior mantenimiento de un estatus propio en lo político, social y religioso, los señoríos, como el que originó este artículo que nos ocupa, tuvieron una intervención organizadora eficaz y determinante.
El texto que presentamos como documento de este mes (Cu323/35) evidencia el ejercicio de ese patronato laical por parte de Dña. María Manuela Pignatelly Gonzaga y Caracciolo (de copiosa titulación nobiliaria), que, en agosto de 1812, pide desde Madrid a su administrador en Barbastro que informe a la Curia con el fin de que se aplace la sustitución del rector de “mi lugar de Costean” hasta que ella pueda proceder al nuevo nombramiento.
Esta acción de “instituir un beneficio” en la persona elegida por el patrón tenía múltiples variantes: capellanías, chantrías, curatos, sacristanías…, y fue un cometido que, más que el noble, solía ejercer la esposa de éste, aún en su viudedad. El beneficio solía recaer en algún familiar o allegado afín al puesto con necesidad de asegurarle el sustento mediante un cargo, lo cual comportaba al señor el disponer de una persona de su total confianza en un lugar relevante. Normalmente, el beneficiado era aceptado por el obispo correspondiente.
La sección de “Beneficial Presentaciones” conserva amplia pluralidad de casos como este, con el atractivo práctico de aportar informes de situación territorial y descripción de la vida cotidiana de los pueblos, además de acreditar títulos de propiedad y lazos familiares, que constan en las capitulaciones matrimoniales que en ocasiones alberga.
